MEXICO: Primeras presiones de EUA sobre EPN

por Salvador del Río

fuente: Forum en línea

A unas cuantas semanas de iniciada su administración, el presidente Enrique Peña Nieto constata los efectos de versiones de la prensa internacional, en este caso norteamericana, que reflejan señales de presión sobre su gobierno en el contexto de los proyectos para lograr una integración latinoamericana al margen o con independencia de las líneas trazadas desde los centros de poder de la Unión Americana.

La publicación de una nota aparecida en el diario The New York Times sobre un real o supuesto “veto” que Washington habría interpuesto a la posible designación como secretario de la Defensa Nacional de un general a quien los servicios de inteligencia estadunidenses señalarían como ligado a las redes del narcotráfico, está en línea con lo que el mismo artículo señala como un ambiente de desconfianza que prevalecería entre los dos gobiernos en torno a la estrategia que el de Peña Nieto estaría preparando, y en parte ya está aplicando, en el combate al narcotráfico y la delincuencia organizada.

En el nuevo tratamiento a ese problema se advierte, por lo pronto, que el de Peña Nieto no exhibe las medidas de combate a la delincuencia como la “guerra” proclamada por el gobierno de su antecesor Felipe Calderón. La represión del Ejército y las policías al narcotráfico continúan, pero en un bajo perfil mediático acompañado del anuncio de la intensificación de programas que ataquen primordialmente las causas de ese fenómeno, que si bien continúa incidiendo en el país, comienza a mostrar signos de reducción y distensión.

La publicación del diario estadunidense sobre una supuesta presión de Washington que habría impedido la designación del general Moisés García Ochoa como secretario de la Defensa Nacional, se presenta días después de terminada la reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac), en la que por primera vez coincidieron jefes de gobierno y de Estado de países de tendencias políticas tan disímbolas como México, Chile, Colombia o Perú con Venezuela, Bolivia, Brasil, Argentina y Cuba, cuyo presidente Raúl Castro asumió la presidencia por un año de la organización en la que no está representado Estados Unidos.

Se afirma con insistencia que para el presidente Barak Obama América Latina y el Caribe no constituyen una prioridad en su política internacional ni en sus preocupaciones para cumplir su papel de rectoría en el mundo. No obstante, en el comienzo de su nueva administración, Obama envía a los países al sur del río Bravo y los situados en la extensión caribeña señales sobre la atención que está poniendo en cuestiones tales como la conversión de la lucha contra el narcotráfico en un combate al terrorismo, que es el fantasma actual del afán estadunidense para mantener su hegemonía en el mundo. En esa batida al terrorismo, Obama intenta involucrar en primer lugar a México, su inmediato vecino.

En el contexto de la Celac, es un hecho que a Obama lo inquietan pronunciamientos como los del gobierno de Juan Manuel Santos, en Colombia, quien plantea por primera vez la exigencia a Estados Unidos de un control efectivo del tráfico de armas, a la vez que lleva a cabo un plan de paz con las fuerzas rebeldes de su país en conversaciones que han tenido lugar en La Habana.

Para el gobierno de Barak Obama el de Enrique Peña Nieto no tiene comparación con los de Venezuela, Bolivia o la propia Cuba, pero sí advierte el comienzo de una nueva relación en América Latina y el Caribe, en la que, por encima de diferencias ideológicas o políticas, existe la voluntad de una integración para la solución de problemas comunes sin la participación rectora del gobierno de Washington.

En esa situación ocurre la versión del New York Times que buscaría presentar al de Peña Nieto como un gobierno subordinado a las decisiones y los lineamientos trazados por su vecino del norte. Sembrar la duda sobre el ejercicio soberano de las determinaciones de Peña Nieto sería la intención. Desmentida por el gobierno mexicano a través de su secretario de Gobernación, la insidiosa mención de una supuesta desconfianza entre los dos gobiernos forma parte de esa tendencia a mantener la presión sobre el gobierno en los momentos en los que aparecen algunos signos de una nueva estrategia en la lucha contra el crimen organizado que cancele la empleada por el gobierno anterior, cuyo saldo fue de decenas de miles de muertos, legado trágico a su sucesor.

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