CUBA: Jóvenes Rebeldes vs. Jóvenes ni-ni

por Daisy Valera

HAVANA TIMES — No sé cuántas veces un policía habrá  golpeado o arrastrado a Pablo este mes.  No sé si hoy dormirá bajo un techo, en La Plaza del Sol o en la cárcel.

Temo por sus ágiles manos, por su voz que  me curó  mi alergia al acento ibérico.

Pablo, a sus 22 años, es Okupa en España. Ya no estudia Ciencias Políticas y toca el violín en el Metro de Madrid a cambio de unos pocos euros.

Es unos de mis amigos ni-ni del otro lado del Atlántico: ni estudia, ni trabaja.

Él se ajusta perfectamente al retrato que del resto del mundo me ofrecen los periodistas del diario de la juventud cubana:

Desempleo sin tregua en Grecia. Indignados por desempleo en Lisboa. 7 226 000 personas en México no reciben enseñanza ni laboran. En Alemania solo el 22 por ciento de los jóvenes logra un nivel educativo más alto que el de sus padres

Y un larguísimo etc.

El “Juventud Rebelde” nos muestra con destreza las penurias internacionales, pero cuando decide hablar de la isla parece dirigirse a una categoría especial de seguidores, jóvenes ideales, jóvenes…. Rebeldes.

Solo ellos festejan el Día Internacional de la Juventud.

Asienten complacidos cuando leen que un funcionario de un organismo internacional valoró como muy positivo el papel del Estado cubano para con sus jóvenes.

Incluso revisan una entrevista al Centro de Estudios de la Juventud donde se habla de que los jóvenes cubanos deben tener libertad de expresión creativa y hacer críticas constructivas pero no perciben la imposibilidad escondida tras los adjetivos.  

El periódico pasa de puntillas y silencioso cuando de problemas se trata (salvo raras excepciones) y casi nos convence de que Cuba es un paraíso para la juventud.

¡En Cuba no hay jóvenes ni-ni!

La exclamación es una mentira que intentan hacer parir al  silencio. El silencio marca la desconexión entre la prensa oficial y los más de 2 millones de jóvenes de la Isla.

Tengo más de 5 amigos ni-ni.

Unos han decidido no trabajar por un salario miserable, otros tienen sueños imposibles por estos días: hacer cine, construir un telescopio, fundar un café bohemio…

La prensa se atreve a decir que hay trabajo: en la construcción, la agricultura y la educación.

Que los lineamientos económicos del PCC generarán empleos en un futuro próximo (olvidan señalar fechas).

Nos dicen que el Estado garantiza 3 años de empleo a los graduados universitarios pero no mencionan que después de ese tiempo pueden quedarse en la calle condenados a los pocos trabajos por cuenta propia legalizados.

No aparece una noticia sobre el número de jóvenes desempleados cubanos.

Pablo quizás mañana defienda sus derechos a gritos frente a La Moncloa.

A mis amigos de este lado del Atlántico posiblemente nos les quede otra que convertirse en jóvenes ni-ni-ni. Ni estudiarán, ni trabajarán, ni se quedarán.

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Daisy Valera: Hasta mediados del 2010 fui una estudiante universitaria. Hoy, con 22 años, soy Licenciada en Química Nuclear y engroso la fila de los trabajadores cubanos. Amo el cine, los libros y la arquitectura, incluso de los edificios que se derrumban. Me gusta hacer artesanías con hilos, piedras y metales. Le temo a la monotonía y estoy comprometida con el propósito de construir una sociedad mejor.

 

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