Mercosur: Es un paso más

por Marcelo Saguier, investigador principal del Área de Relaciones Internacionales de FLACSO/Argentina 

ALAI AMLATINA, 15/08/2012.- El ingreso de Venezuela al Mercosur constituye un paso más en la construcción de una comunidad política regional. Las implicancias de este acontecimiento son trascendentes para orientar el horizonte de acción de sus países frente al desafío de constituir un bloque político regional en un contexto global en transformación. La ampliación del bloque se encuentra ligada al golpe institucional en Paraguay que resultó en la destitución del gobierno de Fernando Lugo. En la definición de ese vínculo reside la importancia política de este acontecimiento. Fue la decisión de los gobiernos de Argentina, Brasil y Uruguay de suspender temporariamente la membresía de ese país al bloque la que permitió viabilizar el ingreso del país bolivariano. La razón de esta medida es el cuestionado procedimiento de juicio político utilizado, el cual es interpretado como contradictorio con el espíritu de compromiso con los valores democráticos que dieron origen al Protocolo de Ushuaia o Cláusula Democrática del Mercosur.

Las visiones que hoy critican la legalidad del ingreso de Venezuela al Mercosur abogan por una interpretación de los hechos que, incluso independientemente de sus intenciones, es implícitamente funcional a alimentar la imaginación de sectores que ensayan nuevos mecanismos para erosionar la legitimidad democrática en países de la región. Esto se debe a que la destitución de Lugo es coherente con una serie de neogolpes que han venido intentando detener el avance de las transformaciones socio-políticas en curso en varios países. En este contexto, el proceso mediante el cual Venezuela es incorporada al bloque contribuye un acto fundante que confiere identidad a una comunidad política en base a la defensa de la democracia. Esto es especialmente importante considerando las inestabilidades que puedan surgir en procesos nacionales disputados, especialmente en Venezuela.

Además de sus implicaciones políticas regionales, la incorporación de Venezuela al Mercosur es auspiciosa en un contexto de crisis económica internacional con epicentro en los países industrializados. La economía venezolana es la tercera en tamaño de Sudamérica. Con su incorporación, el bloque representa a 300 millones de habitantes y un PIB de tres billones 584.000 millones de dólares. Los intercambios comerciales de Venezuela con sus ahora socios regionales han venido en aumento en los últimos años, de 2000 millones de dólares en 2006 a 8500 millones de dólares en 2012. La inclusión en el Mercosur contribuirá a dinamizar aún más esta tendencia de aumento del comercio intrabloque para llegar hacia fines de 2012 a un volumen de intercambios del orden de 45.000 millones de dólares. El sostenimiento de actividad económica, a través de la ampliación de la demanda del mercado regional y de políticas públicas activas, adquiere especial relevancia estratégica.

Asimismo, con la entrada de Venezuela al mapa productivo del Mercosur se modifican las condiciones de asimetrías políticas y económicas que actualmente son fuente de gran discusión en el bloque. Se abre así una nueva oportunidad para debatir la compleja agenda de integración productiva para avanzar en políticas industriales coordinadas sobre la complementación productiva de sectores. El sector energético puede ser un comienzo para ello, dados no sólo los recursos que aporta Venezuela, sino también la articulación de cadenas de valor integradas a nivel de refinerías, transporte, infraestructura, servicios anexos, etcétera.

El desafío de la integración productiva es inclusive magnificado frente a las negociaciones en curso de un acuerdo comercial con China. Las características de la dinámica comercial con el gigante asiático refuerzan las presiones hacia la reprimarización de nuestras economías, pero también a la generación de espacios regionales signados por relaciones de centro-periferia al interior del Mercosur. Por ello, avanzar en políticas comunes para el desarrollo complementario y equilibrado de sectores industriales de valor agregado, y también sobre recursos naturales compartidos, es fundamental tanto para la coordinación regional como a nivel global del bloque, especialmente en la relación con China.

Con el ingreso de Venezuela se formaliza un largo proceso de cambios sociales y políticos que, sorteando sus propias contradicciones y limitaciones, logran converger en una nueva configuración de fuerzas en la construcción de un bloque político regional. Es de esperar que Bolivia e inclusive Ecuador puedan eventualmente incorporarse también. Sin duda vendrán intensos debates y desafíos por resolver. De eso se trata la construcción de un espacio regional. Sabemos que no es nada fácil. Sin embargo, la construcción política y económica del Mercosur es condición necesaria para lograr participar en la definición de un mundo que transita cambios profundos en sus estructuras de poder político y económico.

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