Río+20: Este NO es “el futuro que queremos”. NO a la economía verde

por Plataforma Boliviana Frente al Cambio Climático

Alerta a organizaciones y gobiernos sobre un acuerdo que consolida la “economía verde” y las falsas soluciones a la crisis del sistema

Rechazamos el documento “El Futuro que Queremos”, que ya cuenta con la aprobación inicial, apunto de ser ratificado por los mandatarios, y alertamos a organizaciones de la sociedad civil y gobiernos progresistas acerca del contenido de este documento, cuya aplicación – lejos de resolver la crisis socioambiental global que enfrentamos – profundizará las causas estructurales, a través del avance de la liberalización de la economía y la mercantilización de la naturaleza.

Este documento plantea que los objetivos presentados en la Agenda 21 de Eco Río 92 y las tres convenciones: la Convención sobre Biodiversidad Biológica (CBD), la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) y la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD), con los avances que se han dado en estos últimos años están en plena vigencia, pero se debilitan los principios importantes, como el de “responsabilidades comunes pero diferenciadas”, sólo incluido en la parte introductoria de manera declarativa, cuando debería ser parte esencial de todo el texto.

El texto en su forma actual reafirma y profundiza el modelo económico neoliberal vigente, promoviendo el crecimiento económico “sostenible e incluyente”, haciendo varias referencias al respecto a lo largo del texto, pero sin plantear cambios o ajustes de fondo en el sistema económico actual. Se reconocen las múltiples crisis que actualmente atravesamos, pero todas las respuestas se mantienen en el marco del modelo neoliberal, profundizando el libre mercado y sin atender a las causas estructurales subyacentes.

La inclusión de los conceptos de “Madre Tierra” y “Vivir Bien en armonía con la naturaleza” aparecen de manera declarativa, carecen del contenido y sentido propuesto por los Pueblos Indígenas del mundo, consistente en cambiar de modelo económico y patrones de desarrollo para tener sociedades en armonía con la naturaleza. Contradictoriamente, estos términos son incluidos sólo para legitimar la “economía verde” como fase actual del sistema capitalista y el libre mercado.

Es falso y demagógico sostener que la profundización del neoliberalismo a través de la “economía verde” conseguiría simultáneamente el crecimiento económico sostenible, la erradicación de la pobreza y el mantenimiento y gestión de los ecosistemas. Los pueblos del mundo reconocemos que es el mismo modelo neoliberal y aún más inhumano- que exacerba desigualdades sociales que destruye y daña a la Madre Tierra y a la naturaleza.

También rechazamos los condicionamientos planteados a la ayuda de la cooperación financiera y tecnológica, que sólo será para los países que implementen políticas de “economía verde”. De esta manera, los países capitalistas pretenden vulnerar la soberanía de aquellos pueblos y gobiernos que decidieron no entregarla a un puñado de transnacionales.

En el documento, que sería aprobado por los mandatarios en el segmento de alto nivel, se reafirma que los países llamados por ellos “en vías de desarrollo” necesitan recursos para financiar sus acciones de desarrollo sostenible. Pero no se asumen compromisos concretos y se pasa la responsabilidad de generación de recursos al sector privado, con las conocidas consecuencias que esto traería.

Alertamos a las organizaciones sociales y gobiernos aliados sobre los siguientes puntos incluidos en el texto del acuerdo de Rio+20 en su estado actual:

· El principio de Responsabilidades Comunes pero Diferenciadas están reconocidas pero no hay claridad sobre las obligaciones de los países desarrollados para su cumplimiento. No hay mención de que la Economía Verde esté sujeta a este principio.

· El lenguaje incorporado de la Naturaleza y de vivir en armonía con la naturaleza acaba legitimando la economía verde. Reconoce los derechos de la Naturaleza (en algunos países), pero esto en el contexto de la promoción del desarrollo sostenible resulta ser una contradicción.

· La definición y forma de aplicación de la economía verde sigue siendo ambigua pero aun peligrosa porque sigue justificando un crecimiento económico sostenido, en el que seguirá aumentado las desigualdades sociales y destruyendo la Madre Tierra.

· A pesar de que menciona que cada país puede utilizar enfoques propios sobre la economía verde, respetando la soberanía, se fomenta el andamiaje de una estructura que acabara condicionado a los estados a implementar estándares internacionales

· Da un papel más importante al sector privado para apoyar las políticas de economía verde que potencialmente van a generar fondos a través de proyectos que involucran a la mercantilización y financialización de la naturaleza, lo que es más de las mismas recetas que han causado las distintas crisis que hoy vivimos.

· Abre la posibilidad de fortalecer los mecanismos de mercado, financieros y otros servicios para los pequeños productores agrícolas como una supuesta herramienta para lograr la soberanía alimentaria, lo que generaría aun mayor pobreza y exclusión.

· Fortalece e incentiva indirectamente a la participación privada para infraestructura de servicios de agua potable, servicios básicos y energía, entre otros, llamando a los gobiernos a crear escenarios de que faciliten las inversiones públicas y privadas.

· Asigna un valor monetario a la biodiversidad y su capacidad de proveer servicios esenciales como base del desarrollo sostenible y el bienestar humano promoviendo la inversión privada a través de incentivos y políticas para la conservación de la diversidad biológica expandiendo la posibilidad de nuevos mercados e instrumentos financieros para la mercantilización de la naturaleza.

· Propone las Metas de desarrollo sostenible, aun cuando no se han cumplido las metas de los Objetivos de Desarrollo del Milenio con el propósito de implementar la economía verde.

· No se asumen compromisos y obligaciones para garantizar la transferencia de recursos financieros y tecnología a los países en desarrollo

· Abre la posibilidad de que se tomen en cuenten las inversiones privadas como fuentes innovadoras de recursos financieros para la ayuda oficial al desarrollo.

· Significa un retroceso en las luchas contra el libre mercado en sectores como la salud, educación que ahora además incluye los “servicios ambientales”.

Con base en estas reflexiones hacemos un llamado a las organizaciones sociales del mundo a exigir conjuntamente a los gobiernos aliados, entre ellos el G77 y los del ALBA objeten este acuerdo, y tomen acciones para lograr frenar este proceso de negociación, hasta conseguir que se ataquen las causas estructurales y se asuman compromisos concretos que lleven a cambiar el modelo económico neoliberal actual, para construir un modelo nuevo que nos permita un desarrollo justo, en armonía con la naturaleza y la filosofía del Vivir Bien.

Rio de Janeiro, 20 de Junio de 2012

Puesto en línea por AlaiNet, América Latina en Movimiento 

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