ARGENTINA: La coyuntura mientras el general Julio Argentino Roca queda gravemente herido

por Andrés Figueroa Cornejo

En una Argentina donde los representantes políticos de los que mandan pueden darse el lujo de hacerse trizas en las portadas; la construcción de un empeño político unitario, alternativo al capitalismo y que como punto de llegada aspire a representar de manera concreta y desde el movimiento real de los trabajadores y el pueblo sus intereses históricos, está en pañales. Pero existe.

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El Estado corporativo norteamericano, esta vez mediante la transnacional Monsanto, prosigue su recomposición hegemónica en América Latina golpeando al pueblo paraguayo al estilo hondureño. Revela así a los desmemoriados, cómo el imperialismo se vale de tácticas adecuadas a los estados de la lucha de clases a escala mundial y continental para resolver la crisis capitalista en curso; la recuperación y ampliación de su tasa de ganancias a través del despojo sempiterno de los recursos naturales y la ubicación primario extractivista y agrominera a la que está condenada Latinoamérica en el sistema-mundo, en tanto no destaque por necesidad, argumento y fuerza una estrategia liberadora unitaria del pueblo trabajador que trascienda las fronteras impuestas por las clases dominantes locales, pura extensión subalterna de los intereses del imperialismo financiero.

¿Cuánto tiempo puede sobrevivir un proyecto de inspiración popular y desarrollista –por descafeinado que sea, que ni para conquistar derechos básicos y democráticos de primera necesidad alcanza- con su enemigo de clase durmiendo con un ojo abierto en la misma cama? ¿Cuáles son los límites, los tiempos y la suerte de administraciones estatales aspirantes a ‘socialdemocracias para países periféricos’? ¿Es siquiera posible hablar de socialdemocracia en una América Latina integrada al movimiento del capitalismo mundial como ‘dadora de sangre’ irrecuperable para beneficio de los Estados tutelares del planeta? ¿No es acaso esa misma condición de dependencia y ubicación fundacional en la división internacional del capital la que obliga a Latinoamérica a convertirse en un territorio político y económico unido por abajo y por el medio y por arriba, por requerimiento histórico, lejos de todo romanticismo y anclado metálicamente al fin del bienestar objetivo de sus pueblos? ¿Por qué alguien puede considerar los apetitos de los Estados chino y ruso como una alternativa progresiva respecto del imperialismo norteamericano para privilegiar sus alianzas? ¿Existen imperialismos ‘mejores’ que otros o sólo existe imperialismo y sus pugnas internas?

Mientras Paraguay guevara, es decir, desbarata los espejismos –inocentes, pagados o simplemente imbéciles- provenientes del fetiche de las democracias representativas, en Argentina las luchas intraperonistas determinan la agenda palaciega. El peronismo de derecha encabezado por el proclamado candidato a las elecciones nacionales de 2015, el gobernador y empresario de la Provincia de Buenos Aires Daniel Scioli, se apoya, tanto sobre el dirigente sindical camionero Hugo Moyano, también empresario y transitoriamente ‘dueño’ de buena parte de la Central General de Trabajadores (CGT), como de fracciones del capital terrateniente, para moverle el piso a la administración más pirotécnica que efectiva de CFK. Desde la Casa Rosada, la Presidenta cobra mejor prensa en los foros internacionales que en país, en tanto el pueblo argentino todavía soporta el alza cotidiana del costo de la vida a punta de microcréditos de consumo con fecha de vencimiento. El trabajo ‘informal’ o ‘en negro’ –uno de los pilares de un modelo para multiplicar el plusvalor y que sabe a escala mundial que los empobrecidos permanecen más controlados socialmente con un mal trabajo que con ninguno- oficialmente está en un tercio de la fuerza laboral; la vivienda propia es un privilegio imposible para la mayoría; la industria del narcotráfico y la prostitución crecen como espuma; y la inseguridad (laboral, económica, y, en consecuencia, delincuencial), la violencia patriarcal y la corrupción, condimentan la comida china vendida por kilo y sustituta de las parrilladas. Para el país, de acuerdo a analistas de uno y otro lado, se avizora un nuevo ciclo recesivo debido a la contracción del crecimiento brasileño y chino, que se estaría larvando ahora mismo, pero que se expresaría con superior nitidez hacia fines de 2012; y la sensación térmica de los trabajadores y el pueblo aún es de incertidumbre, resignación o inquietante malestar. El trauma social provocado por la insubordinación popular devenida de la crisis de principios del milenio funciona contradictoriamente: para unos como eventualidad nuevamente sin conducción política popular, y para otros como terror paralizante.

Por abajo y a la izquierda, el sectarismo miope y maximalista hace nata. Ofrece luchas acotadas con marca registrada y, en muchas ocasiones, se da de puñaladas cortoplacistas –como si el enemigo principal fuera otra fracción del partido quebrado y no el imperialismo y las clases dominantes-. La cantidad de banderas que no dicen nada al pueblo trabajador se subdividen entre sí hasta el absurdo, y la sola ‘unidad en la acción’ opera como estrategia y no como táctica. En una Argentina donde los representantes políticos de los que mandan pueden darse el lujo de hacerse trizas en las portadas; la construcción de un empeño político unitario, alternativo al capitalismo y que como punto de llegada aspire a representar de manera concreta y desde el movimiento real de los trabajadores y el pueblo sus intereses históricos, está en pañales. Pero existe.

LA REUNIÓN ES LA ESTRATEGIA POLÍTICA

Casi como un pretexto para provocar acercamientos políticos que mañana cristalicen en una organización constelada, el 21 de junio terminó la primera parte de la Campaña Chau Roca con un acto cultural abierto y en la calle, donde se encuentra el monumento enrejado al general Julio Argentino Roca del microcentro de la Ciudad de Buenos Aires y que persigue su retiro de allí. Roca fue uno de los ejecutores protagónicos de la llamada ‘Campaña del Desierto’ a fines del siglo XIX y comienzos del XX, donde fueron exterminados miles de indígenas con el objeto de usurparles tierra y entregárselas a los terratenientes de la época y ‘mejorar la raza’ con inmigrantes europeos. Fue la conquista sangrienta del ‘espacio vital’ de la clase dominante argentina. Posteriormente, como presidente de la nación, el general Roca fue el primero en reprimir y expulsar obreros en general, y a trabajadores y dirigentes anarquistas y socialistas del país, en particular.

Sobre la iniciativa, Mariano Rosa, Coordinador General de la iniciativa, señaló que “hemos logrado una fuerte instalación del objetivo con el historiador Osvaldo Bayer recorriendo universidades, con el dirigente originario Qom, Félix Díaz, y con una jornada cultural que agrega a la campaña a centenares de participantes. Es el momento ya de volverla una Campaña nacional.”

El actor y ex diputado de la Ciudad, Víctor Bidonde, entre el 2003 y el 2007 fue el primero en presentar legislativamente la idea de sacar al militar de un lugar de privilegio, esa ofensa para los humillados.

-Considerando los poderes que ostentan y mantienen los dueños de la tierra en Argentina, donde ni siquiera ha existido una reforma agraria simbólica o parcial (base a fin de cuentas de cualquier intento industrialista), la estatua, las calles, las plazas que llevan el rostro de Roca son expresión a lo largo de todo el país y no sólo del centro de la Capital, de esa fracción de clase dominante, ¿qué porvenir le ves a la caída del monumento?

“Cuando presenté el proyecto de ley el 2005, a instancias, ocurrencia y mérito de Osvaldo Bayer, no había condiciones de conciencia suficientemente intensas para que se concretara. Ahora es distinto. Hay mucho más respaldo y participación popular. Más vigor y organización. Más madurez respecto de la continuidad existente entre los viejos genocidas y esclavistas con los actuales.”

Juan, estudiante de 19 años, por su lado indicó que “Esto es importante para que se conozca la historia real del país. La Campaña del Desierto significó la embestida militar contra los pueblos originarios para apoderarse de su tierra. La antesala al mismo comportamiento del general Roca, esta vez como presidente de la nación, con sus políticas antiobreras.”

-¿Y tu generación cómo observa esta lucha?

“Contradictoriamente. Una parte está a favor de cambiar la sociedad y sus símbolos de clase; otra quiere que las cosas se mantengan tal cual; y hay una mayoría indolente. Sin embargo, la sensibilidad sobre el asunto es tangible.”

Entre los asistentes, hubo muchos migrantes. El boliviano de Potosí, Llanel dijo que “Hace poco me enteré que este tipo arriba del caballo fue un asesino. Y como se quiere cambiar la estatua por una indígena, estoy aquí.”

Con voz emocionada, Julio, peruano y miembro del Movimiento por Amnistía y Derechos Fundamentales, recita el poema de su autoría ‘No te avergüences hermano’: “Si apenas te has educado y todo el tiempo sufrido / si siempre te han oprimido por ser un pobre paisano / la culpa la tienen otros / con bancos, cheques y minas / de todo tiene el patrón, nosotros nada tenemos /si sólo de sufrimiento se compone nuestro rumbo, ya no vayas de tumbo en tumbo / si rotoso y hambriento, en tu centro de trabajo, en tu barrio, en donde sea / hagan que todo el mundo vea a los de arriba y a los de abajo / no te tragues un carajo de tu mismo corazón”.

A la consulta sobre el sentido de la actividad, Antonio Célico, actor, director teatral y docente, fue directo al grano cuando señaló que “Me parece interesante que a través de una iniciativa fuertemente cultural puedan encontrarse personas de pensamiento diversos. Las dificultades que padece Argentina para que la propia izquierda dialogue pueden también combatirse de esta manera. De una desmonumentalización podemos caminar para pensar juntos qué país queremos. La reunión es la estrategia generosa que debería conducirnos hoy.”

Por último, el diputado anticapitalista que presentó nuevamente la iniciativa en marzo de 2012, Alejandro Bodart, informó que “Ahora en la legislatura de la Ciudad de Buenos Aires existen tres proyectos muy similares de otros bloques políticos, lo que significa que la campaña ha tenido un impacto político. Es importante que se sepa que el jefe de gobierno, el ultraderechista Mauricio Macri (que debe ser ídolo de Roca como representante político de esa clase social, y que me lo imagino por las noches subiéndose secretamente en el caballo estatuado), no tiene mayoría en la diputación; la oposición tiene mayoría. No es posible que en el centro de la Ciudad se erija un monumento al genocidio, al robo, a un sujeto que reimplantó la esclavitud en Argentina y que consideraba que los pueblos originarios y los trabajadores eran ‘sub razas’”.

-Para una parte de los argentinos, Roca es un héroe…

“El pueblo, como parte de su lucha larga, debe poner sus propios símbolos. Por eso Roca debe sacarse de aquí y colocarse la obra magnífica de la Mujer Originaria que está en construcción. La cara de Roca tampoco puede estar en el billete de más valor en circulación (el de 100 pesos). El verdadero héroe es la persona común que con su sacrificio construye el país día a día, mientras es condenado a la miseria y al despojo.”

-La mayoría de los asistentes al acto son jóvenes…

“Significa que los pocos de arriba no han podido borrar la historia. Es decir, existe futuro para la emancipación. Lo cierto, en todo caso, es que resulta perentorio unirnos para tener la fuerza que nos permita cambiar la realidad.”

-¿Cuáles son las condiciones para que un proyecto que atenta contra el imaginario de los poderosos se haga efectivo?

“Qué haya movilización popular real. Sin ella, en el gobierno de la Ciudad no ocurrirá nada. Y es preciso contar con una política amplia y unitaria, porque este no es mi proyecto: es una causa justa por sí sola. En estas actividades van creándose los lazos de la sociedad que todavía no existe, pero que hay que crear. Nadie cambia el mundo, cambiando una estatua, claro. Sin embargo, estas iniciativas generan ámbitos propicios para la reunión y la tarea grande de construir una herramienta política, una alternativa, para transformar la realidad entre todos quienes buscan una sociedad distinta. Ya no es posible que un pequeño grupo de personas viva a costa de la mayoría y de que todo esté gobernado por la ganancia. Para mí se trata de edificar una sociedad socialista. Otros le pondrán otro nombre. Eso hoy es lo menos importante.”

Puesto en línea por SurAmericaPress, el 24/06/2012

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