VENEZUELA: Afrodescendientes, conocimientos y soberanía intelectual

por Jesús Chucho García

La experiencia acumulada

El tiempo individualizado y colectivizado va produciendo un conocimiento, el cual es parte del tiempo vivido. El reto que tiene el movimiento afrodescendiente no es la búsqueda de la dependencia estatal ni del parasitismo petrolero, sino aprovechar la inclusión del espacio público, ganado con dignidad, para avanzar con firmeza y construir una agenda autónoma sin desresponsabilizar al Estado, pero no cobijarse en este, pues eso sería reafirmar la petrodependencia. La vía es la construcción de un conocimiento sustentable que ayude a desburocratizar el Estado casi inoperante y realizar nuevas prácticas de participación… aplicar lo construido en estos 12 años de experiencia afro en todas sus dimensiones, es el reto del momento.

El conocimiento es lo acumulado como saber vivo y sistematizado desde nuestras perspectivas y no las definidas por otros desde afuera, anulando nuestras sensibilidades cognitivas. Coincido con Sartre cuando dice: “A decir verdad, este conocimiento que adquiero permanece vacío, en el sentido de que jamás conoceré el acto de conocer; este acto siendo pura trascendencia, no puede ser captado sino por sí mismo en forma de conciencia… o por la reflexión nacida de él. Lo que conozco es sólo el conocimiento como ser -ahí, o, si se quiere, el ser- ahí del conocimiento”.

No conocer el acto del “acto de conocer” es limitarse a aceptar ya el conocimiento convertido en verdad eterna e inmutable elaborado por otros, desde “afuera” y lo aceptamos como la gran verdad que penetra nuestros cuerpos, mentes, modela actitudes eliminas aptitudes de transformación de nuestros entornos miserables, confusos, mutilados, desesperanzados.

La idea es cómo diferenciar el conocimiento que nos desconoce y el otro conocimiento que hemos ido construyendo socialmente a través de nuestra experiencia de vida, tanto de manera individual como colectiva, por muy mínimas y simples que aparenten ser… pero es conocimiento válido. Y lo más triste de todo eso es que tenemos un conocimiento “propio”, que no le reconocemos entre nosotros mismos por el temor a la verdad absoluta del “otro” quien se ha erigido en juez por el poder instituido y constituido en su dimensión política científica. ¿Cómo entrar en diálogo con el Estado con nuestros propios conocimientos sin dejar que éste se trague nuestro conocimiento por la voragine burocráticamente establecida que ha ahogado tantas iniciativas?

Según el sabio africano de Mali, Amadou Hampte Ba, “el conocimiento y la aplicación del mismo en la vida práctica es lo que hace del humano un ser superior en la escala de los seres vivientes… La historia comprende, de una parte, los grandes mitos de la creación de lo humano y de su aparición en la tierra con la significación del lugar que ocupa en el seno del universo, el rol que tiene y debe jugar (esencialmente en un eje de equilibrio) y su relación con las fuerzas de la vida…”

¿Qué es lo que nos puede hacer libre?

Ese conocimiento vivo o “saber”, algunas veces se extravía y tratamos abordarlos desde la castración producida por las “escuelas de pensamiento”, que median entre su bagaje conceptual y las nuestras, pero que terminan definiéndonos. ¿Que es lo que nos hace libre desde la dialogicidad Estado y Movimientos sociales? ¿Entrar a la comodidad del Estado o lo peor aun… entrar a la letrina de las grandes ONG creadas por el Departamento de Estado de EE. UU y dejarse absorber, como ha pasado en muchos países de América Latina, con un sector de los afro de Honduras, Colombia, entre otros, donde ahora resultan ventrílocuos manejados por los hilos de Washington?

A pesar de que el Estado que tenemos no es el que queremos y poco ha reflejado el avance del proceso Bolivariano, pero se establecieron puentes de diálogos para avanzar en la complejidad de las políticas públicas con dificultades…pero avanzando. La opción de las ONG internacionales hilvanadas por el departamento de Estados de USA y los sectores reaccionarios europeos, evidentemente deben ser descartadas en esta etapa de definiciones político-ideológicas.

Pero ante ese Estado debemos tener una afirmación de nuestra agenda sostenida por un conocimiento concreto de nuestras propias realidades, las cuales son conexas a la problemática global de nuestra sociedad. Diríamos con el filosofo Kierkegaard que “la libertad significa una expansión del autoconocimiento y de la capacidad para actuar responsablemente como un “yo”. Significa una creciente capacidad para afrontar nuestras posibilidades tanto en el desarrollo individual como en la profundización de las relaciones con nuestros semejantes, junto con una realización de esas posibilidades. La realización de posibilidades implica aventurarse continuamente en nuevas áreas, como se con claridad en el caso de un niño en crecimiento”.

Las ideas y pensamientos del ser humano a nivel planetario, en distintas épocas, sin haber tenido conexión, se cruzan, se entretejen en coincidencias sobre como concebir el mundo, pues lo humano y la percepción del ser no es de ningún dueño en particular, sea de occidente u oriente, partido, iglesia, Estado…. son las ideas sin fronteras que aspiran la reivindicación de lo humano con autonomía.

Gandhi y Fanon expresaban:

“Daré mi tarea por concluida si logro convencer a la humanidad de que cada hombre y cada mujer, cualquiera sea su fuerza física, es guardián de su dignidad y su libertad. Esa protección es posible, incluso si el mundo entero se vuelve contra el único que resiste” (Gandhi). Teniendo la autonomía con un conocimiento sólido, pudiéramos definir ante Estado, gobierno y partido y así reafirmar nuestra soberanía intelectual y actuar con claridad y eso pasa, necesariamente, por tener muy claro el concepto de reconocimiento con respecto al “otro” como dice Franz Fanón: “Mientras no sea efectivamente reconocido por el otro, es este otro el que se constituye en su tema de acción. Su valor y su realidad humana dependen de este otro, dependen del reconocimiento por este otro. El sentido de su vida se condensa en este otro”. Se trata de un dialogo bidireccional, con ejes de intereses comunes y algunas veces divergentes, donde el movimiento afro no debe ser objeto de uso para determinadas coyunturas.

¿Qué es lo que se debe diferenciar entonces?

Definitivamente como dice Freyre “el conocimiento se hace, se rehace a través de la acción transformadora de lo real y a través de la comprensión critica de la transformación que ha dado antes o que se puede dar mañana”.

Si el movimiento afrovenezolano no sabe diferenciar entre Estado, Gobierno y Partido seguirá transitando las experiencias dolorosas de Brasil, Colombia y Ecuador por poner un ejemplo. Debemos anclarnos en la producción de conocimiento para poder avanzar sin confusión en estas nuevas experiencias que nos toca vivir y que ya hemos experimentados con no tan buenos resultados.

Puesto en línea por AlaiNet, América Ltina en Movimiento

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