VENEZUELA: Un motín en el patio de mi casa

por Yordanka Caridad*

HAVANA TIMES — Hoy las niñas de la familia no pudieron salir a la calle. Todas las escuelas y guarderías de El Paraíso, la zona de Caracas donde vivimos, empezaron a cerrar desde ayer y hoy ninguna abrió.

No exagero cuando digo que el olor a pólvora se coló en nuestro apartamento al mediodía, a pesar de que varios kilómetros  nos separan de La Planta.

La Planta es un Centro de Reclusión situada, no sé por qué, en el medio de la ciudad. Y desde hace alrededor de un mes se están presentando serios disturbios allí dentro.  ¿Dentro?

Mejor explico un poquito más.

Para mi sorpresa, los reclusos de Venezuela viven armados dentro de las cárceles. No es que yo sepa mucho de cárceles, solo lo suficiente como para tratar por todos los medios de nunca ir a parar a una de ellas.

Pero si algo tengo claro es que no tiene mucha lógica que quienes cumplen una condena la pasen armados, no solo con armas de fuego, sino con armas de largo alcance, incluyendo granadas.

La Planta, como ya dije, está en la parroquia El Paraíso, y aunque su capacidad es para menos de 600 personas, por estos tiempos había más de 2 mil reclusos.

Me cuentan que allí quien gobierna es el “Pran”, los jefes de bandas de drogas, como en muchas cárceles del mundo, me imagino.

Para tener cama, ventilador o cualquier cosa necesaria hay que pagarla, y para estos “pranas” es mejor vivir en la cárcel donde tienen garantizada su seguridad.

Por supuesto, tienen el dinero suficiente para comprar armas (¿a quién?, ¿cómo entran?) y de ese modo someter al resto de los presos. La Guardia Nacional no se involucra en ningún acto de violencia…es decir, deja que se maten entre ellos.

Según las autoridades, ha sido este asunto del sometimiento lo que ha provocado estos motines tan violentos. Pero ya sé que en cuestiones de cárceles las autoridades nunca están suficientemente informadas…o prefieren dar la información que mejor les convenga.

No me he portado por los alrededores del presidio, teniendo en cuenta que las balas, luego de iniciados los disturbios, han traspasado edificios cercanos – quitando la vida de uno o dos vecinos -,  han llegado hasta el Palacio de Justicia (a 1 km del recinto) y a la autopista que corre por su lado.

Anoche anunciaron que se había llegado a un “acuerdo” con los más rebeldes para hacer traslado masivo a otras cárceles.

Pero de todos modos las escuelas permanecieron cerradas y a la mayoría de las personas no les hace gracia la posibilidad de  que vuelvan a liberar otra gran cantidad de reclusos, como sucedió unos meses atrás.

En mi experiencia los he encontrado en las busetas (guaguas) con un discurso así: “Buenas tardes, disculpen que les moleste, pero acabo de salir de prisión y no tengo dinero, no me gustaría volver a robar ni asaltar, apreciaría mucho su colaboración para poder comer”.

Quien viva en Caracas sabe muy bien lo que quiere decir realmente ese discurso.

También se teme la fuga de reos peligrosos. Por esa causa también la ministra de asuntos penitenciarios inició hace semanas un traslado que muchos acusan de poco planificado.

A todas estas lo que más sigue llamando mi atención es que todo el mundo aquí sabe cómo se vive en las cárceles, que los presos tienen armas de corto y largo alcance, sin ser la primera vez que las balas atraviesan los muros de la prisión; y no se haya tomado, al menos, alguna medida para desarmarlos.

¿Dónde hay más inseguridad, dentro o afuera?, ¿con ellos en prisión o fuera de ella?

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Yordanka Caridad:Si tuviera la oportunidad de escoger cómo sería mi próxima vida, me gustaría ser agua. Si tuviera la oportunidad de eliminar algo de lo peor del mundo borraría el miedo y de todos los sentimientos humanos prefiero la amistad. Nací en el año del primer Congreso del PCC en Cuba, el día en que se celebra el orgullo gay en todo el mundo. Vivo al este de la habana y siempre he defendido mi derecho a hacer lo que quiero y no lo que espera de mí la sociedad. Ahora me gano la vida como fotorreportera, la profesión perfecta para mí, pero lo que me gusta de toda la vida es escribir, cuentos, novelas. Pero los escritores son gente demasiado aburrida, así que no me presento como tal.

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