CUBA: Socializar la producción de la medicina

Por Pedro Campos


HAVANA TIMES, 16 abr — El sistema de salud pública ha sufrido deterioro debido a la crisis estructural del actual modelo, reconocida, en parte por el gobierno/partido, el cual decidió emprender recortes de personal y presupuesto que afectan, del mismo modo, al sector.

Faltan insumos, medicamentos y medios de diagnósticos. Algunos van al mercado negro. Los centros asistenciales que atienden a la población (no los destinados a dirigentes y extranjeros) no satisfacen todas las necesidades de los pacientes o lo hacen con deficiencias, a pesar del enorme sacrificio y el esfuerzo de los trabajadores del ramo.

Estos obreros asalariados del estado –aunque profesionales-, mal pagados, mal alimentados, sin las adecuadas condiciones para realizar su labor humanitaria, son objeto de exigencias por burócratas y pueblo; pero no son bien apreciados, como se puso de manifiesto en un amplio intercambio de  correos electrónicos  en la red de Infomed, poco divulgado por la prensa oficial.

Buena parte de los profesionales de la medicina se van en misiones internacionalistas –que separan familias y crean problemas sociales- procurando las ventajas materiales que oferta el estado. Se ha sentido la falta de especialistas dentro por priorizar programas internacionales.

Muchos trabajadores de la salud, abandonan definitivamente el país, como los profesionales de otras ramas, a pesar de las restricciones especiales para ellos, buscando su realización personal. Conozco de un curso de 32 graduados de estomatología, de los cuales solo quedan tres en Cuba.

Al mismo tiempo, se ha ido generando una forma de retribución en especie o en dinero por el servicio médico prestado, generalmente no concertada ni demandada. Los bajos salarios en el sector, hacen muy difícil rechazar tal práctica. Recientemente un médico que pidió aumento de salario fue suspendido y estuvo en huelga de hambre hasta que el MINSAP le restituyó su derecho a ejercer.

Ninguna de las medidas de la “actualización,” de la economía podrá solventar tales problemas que tienen causas sistémicas. Solo se resolverían con cambios en el modo en que se produce, se genera el servicio médico, actualmente en la forma estatal-asalariada-centralizada.

Lo que se puede hacer

Lo que se necesita es avanzar en un proceso de socialización y democratización, desburocratización y desestatización de la dirección, administración, la gestión y la retribución en las estructuras del subsistema-salud y en  los centros asistenciales, donde confluyan los intereses profesionales y gremiales, los intereses científicos de la salud y la medicina, los administrativos y de los colectivos laborales y sociales.

Habría que contemplar otras formas de ingreso, además de la actual asignación presupuestaria estatal-central-burocratizada, con estimados que no reflejan la realidad en cada lugar, siempre cambiante. Se destinan recursos insuficientes o sobrantes a los centros de salud. Los raquíticos fondos salariales son inamovibles.

Parte primordial de la solución estaría en abrir otras posibilidades de ingresos al presupuesto médico, que permita mantener la salud gratis universalmente, y desarrollar otras opciones como el movimiento mutualista de sindicatos y asociaciones de profesionales.

Igualmente podría estudiarse una política impositiva justa, dirigida a continuar subvencionando los gastos de salud, por ejemplo a artículos de lujo y productos que generan enfermedades como el alcohol o el tabaco.

Con el presupuesto que incluya la recaudación de tales impuestos y por cientos específicos de los ingresos que generen la atención a extranjeros en Cuba y en el extranjero, seguridad social debería pagar a cada unidad sanitaria por los servicios precisos que presten a la población, de manera que con esos ingresos, cada entidad médica pueda manejar y financiar autónomamente sus gastos y mejorar las entradas de sus trabajadores según los resultados de su labor. Ha trascendido que se esta realizando un trabajo contable que pudiera servir de base.

No se trata de “vender” el servicio médico, sino de buscar la manera de retribuir mejor a los trabajadores de la medicina, hacer el servicio menos gravoso para el presupuesto estatal y más eficiente para todos por igual.

Se dejaría atrás el desestimulante sistema de salarios fijos por categorías adquiridas, que no se corresponde con el aporte real. Además de las categorías adquiridas, se pagarían las guardias y  trabajos concretos de los profesionales en calidad y cantidad.

Ofrecer alternativas legales para generar más ingresos

Parte de la solución estaría en posibilitar, también, formas del cuentapropismo en salud pública por los jubilados o por los activos, una vez concluida la jornada en su centro asistencial. De manera que los profesionales de la medicina legalmente puedan consultar, curar enfermos y dar fisioterapia, en sus casas o a domicilio, impulsando estos servicios y sin criminalizar la retribución voluntaria de sus pacientes.

Esto mejoraría la economía de nuestros trabajadores de la salud y los liberaría de tener que aceptar “regalos,” buscarse “misiones” o arriesgarse a “trabajar por la izquierda.”

Los esquemáticos-inmovilistas contrarios a cualquier modificación al estatalismo asalariado neoestalinista,  pondrían el grito en el cielo: ¡”quieren privatizar la medicina”!: los mismos que cierran los ojos ante tales realidades y confunden estatizar con socializar, estado y sociedad.

Privatizar la medicina sería entregar hospitales, laboratorios, centros de investigación, de producción o  venta de medicamentos al capital privado para que explote asalariadamente a  científicos, médicos, personal-paramédico y enfermos.

Eso querrán los partidarios de la libre concurrencia de capitales. Pero no es eso lo que aquí se plantea ni lo que se necesita.

De lo que se trata es de liberar este sector de la tutela y explotación a las que lo somete el estado burocrático y socializar su producción, ponerla en manos directas de sus trabajadores, para autogestionar el servicio, mejorar la asistencia a la población y el bienestar de los laborantes de la salud.

Socialismo no es solo distribución

Aquí los “revolucionarios del estado” cometen el mismo error reformista que en el resto de los sectores: entender el socialismo como algo relativo a la esfera de la distribución, no a la de la producción. (1) y (2)

Los profesionales de la medicina, como los demás, tienen necesidades que el estado no puede sufragar según propia confesión y lo menos que pudiera hacer es permitirles que desarrollen vías autónomas, colectivas o individuales, para mejorar sus condiciones de vida.

De aplicarse esas propuestas, los trabajadores se sentirían más comprometidos con el servicio, cuidarían mas los recursos, los desvíos disminuirían o desaparecerían, la disciplina se asumiría conscientemente y la gente podría tratarse con el médico que desee y no con el que le “toca.”

Se resolverían infinidad de problemas primarios que hoy obligan a los pacientes a visitar policlínicos y hospitales, aflojando la presión sobre los centros asistenciales.

Si todo esto se hiciera, dijo alguien, muchos médicos no irían a cumplir misiones y se afectaría una de las primeras fuentes de divisas estatales. Es la visión estado-céntrica, enfocada al mercado exterior explotador del trabajador, que predomina en la medicina, el turismo, la biotecnología y otros sectores híper priorizados en las inversiones por sus réditos al estado.

Filosofía que ha frenado el desarrollo de otros segmentos de la economía y de regiones enteras del país hasta empobrecerlos y ha mercantilizado e impulsando a la emigración a su más importante fuerza productiva: los trabajadores especializados.

Esas modificaciones voltearían la orientación de la medicina, mas encaminada a resolver prioritariamente metas del estado burocrático, como obtener más divisas por el trabajo internacionalista y presentar buenas estadísticas relativas para la imagen pública; que a resolver los problemas sanitarios concretos definidos por la población misma y los especialistas que se sentirían mejor remunerados y, todos, mas involucrados en las soluciones.

-Sin esas divisas, no podríamos tener el sistema de salud que tenemos. Dirá el burócrata.

-Es verdad. Tendríamos otro, mejor, que también buscaría divisa; pero estaría menos orientado al lucro del estado. ¿Alguien pudiera informar con exactitud, cuánto dinero ha entrado a Cuba por esa vía y cómo y dónde se ha empleado? Los lineamientos 110 y 111 del VI Congreso abordan parcialmente el tema.

Y sigo: Habría menos oportunidades al “robo de cerebros,” muchos jóvenes profesionales no se irían, con mejores condiciones de vida tendrían aquí sus hijos y nuestra población no seguiría decreciendo y envejeciendo: el más grave problema estratégico de salud que tenemos, -si vemos la salud en su concepción más amplia, mas allá de pastillas, inyecciones, operaciones, ejercicios físicos, higiene y alimentación- porque implica la paulatina extinción de la población cubana, que el estado soslaya en esas raíces, por razones obvias.

El estado reduce las prestaciones sociales y, arriba, se sigue quedando con la gran parte de los miles de millones que pagan los gobiernos y negocios extranjeros por el trabajo de nuestros médicos y demás profesionales, músicos, artistas y deportistas Si no se les brinda a todos por igual, otras posibilidades de desarrollar sus iniciativas y ganarse decentemente la vida, continuaran las deserciones, las “traiciones,”  los desvíos de recursos, la división de las familias  y en general otros problemas sociales.

De manera que también a los trabajadores de la salud pública, y a todos los demás profesionales, se les debe reducir los altos impuestos que se les imponen por prestar servicios en el extranjero y  permitirles asociarse libremente para producir o ejercer por cuenta propia.

Ética y calidad

La ética médica está en la calidad y el humanismo del servicio que se presta, no en lo que el médico cobre o deje de cobrar por su trabajo. Si en Cuba es “gratis” una operación que cuesta  diez mil dólares en EE.UU., esto se debe a la baja paga a todo el personal médico y a la devaluación a la que ha sido sometida la moneda nacional, precisamente por la exigua retribución a la fuerza de trabajo, que es la que agrega valor a las mercancías y a los servicios.

Mientras la fuerza de trabajo sea mal retribuida, no habrá productos abundantes y de calidad.

Y esta ley económica es válida para los frijoles y para los servicios médicos también.

Asuma el estado los cambios necesarios, consecuente e integralmente. Acabe de resolver el problema de la doble moneda. Respete el valor de la fuerza de trabajo (el primer derecho del trabajador, que los “sindicatos” han olvidado). Y libere de toda traba, sin más inercia, papeleo, ni burocratismo, al cuentapropismo y al cooperativismo en todas las esferas.

El paso de jicotea en los cambios y su falta de integralidad, solo benefician al inmovilismo y a la plena restauración capitalista privada, los extremos que se apoyan mutuamente y que hacen todo lo posible por evitar el verdadero avance socialista en Cuba.
—–

1-, Marx. Crítica al Programa de Gotha,  O.E,  en tres Tomos, T-III, Editorial Progreso, Moscú 1974. “El socialismo vulgar ha aprendido de los economistas burgueses a considerar y a tratar la distribución como algo independiente del modo de producción, y, por tanto, a exponer el socialismo como una doctrina que gira principalmente en torno a la distribución.”

2- Marx. El Capital. Tomo III. Capítulo LI, Relaciones  de distribución y relaciones de producción. “…las relaciones de distribución son esencialmente idénticas a estas relaciones de producción, el reverso de ellas, pues ambas presentan el mismo carácter histórico transitorio…..Las llamadas relaciones de distribución responden, pues, a formas históricamente determinadas y específicamente sociales del proceso de producción, de las que brotan, y a las relaciones que  los hombres contraen entre sí en el proceso de reproducción de su vida humana.  El carácter histórico de estas relaciones de distribución, es el carácter histórico de las relaciones de producción, de las que aquellas solo expresan un aspecto.”

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