CUBA: Mucha baba para el Papa

Mucha baba en Cuba para el Papa

por Yasmín S. Portales Machado

HAVANA TIMES, 25 mar — Mucha gente suelta la baba en el mundo por su Santidad Benedicto XVI, se sabe. No toda la baba es de felicidad, hay babas venenosas y babas francamente violentas, pero pocas personas dejan de soltar baba.

En estos días el babómetro se dispara en Cuba y las zonas donde se concentra su comunidad de emigrantes porque este lunes ¡llega Joseph Aloisius Ratzinger¡ ¿No es emocionante?

Solo el 5% de la población de Cuba se declara católica, “casi” la mitad de ese sector se identifica con las enseñanzas de la Iglesia sobre el matrimonio, el aborto y el control natal (2.5 % del país), pero aquí estamos, con dos visitas papales en menos de quince años.

Si que habitamos una nación singular.

Y como en Cuba somos muy colectivistas, el gobierno abraza sin dudar la felicidad de esas 550 000 personas de la fe católica y hace tarea de toda la nación recibir con pompa y boato al Peregrino de la Caridad. ¿Cómo?

Engalana la isla con carteles impresos a todo color mientras sube el costo de los libros y cierra instituciones de cultura.

Arregla avenidas y fachadas de las rutas más importantes de La Habana y Santiago, mientras se derrumban edificios del Centro Habana, Cerro y Vedado (y eso es lo que dice Radio Bemba en la capital, no se cómo andan las provincias).

Declara feriados tres días, mientras hace llamados desesperados al aumento de la eficiencia y la productividad.

Y claro, permite –¿o recomienda?– al Sistema Informativo de la Televisión Cubana reportar acerca de las “excelentes” relaciones de el Estado cubano con las iglesias, relación que nunca ha sido empañada porque la Iglesia se dedica a la obra social, no se mete en política…

Claro, es que la Iglesia de la Operación Peter Pan era otra.

Y la Iglesia que excomulgó a Fidel Castro era otra.

Y los templos a donde iban aquellas personas a quienes negaron el acceso a la Universidad, o se les expulsó de la misma, o donde se les permitió graduarse en un ambiente de vigilancia y persecución para luego negarles la posibilidad a ejercer cátedra y acceder a cargos de dirección por “desviaciones ideológicas” y por no “ser confiables”, eran de otra Iglesia.

Y la Iglesia que permitió el uso de sus locales a Yoanis Sánchez para promover el uso de blogs malvados era otra.

Es la Iglesia Católica Apostólica y Romana, pero es otra. No es la iglesia anticomunista que pactó con Franco y abofeteó a Ernesto Cardenal, esta es una iglesia humanista, que se opone al aborto, los anticonceptivos y los derechos de las personas no heterosexuales en nombre del Plan Divino.

Este Iglesia que representa Benedicto XVI es una maravilla de institución en lo que a progreso y derechos se refiere.

Y como la gente de Cuba es muy progresista, suelta la baba; lo que no todas las babas son iguales.

Hay babas de placer, burdo placer por las ganancias que dejará esta visita en pasajes, estancias y consumos.

Hay babas de cálculo, pues recibir al Papa significa el apoyo del Vaticano, cuyo peso político es inversamente proporcional a su superficie.

Hay espumarajos de rabia, porque Benedicto no quiere hablar con los disidentes de la derecha, ni dirá en público que hay que tumbar el comunismo. Que se conformen con esta muy poco amable declaración aérea: “Hoy está claro que la ideología marxista, tal como fue concebida, ya no responde a la realidad. Porque no tiene respuestas para la construcción de una nueva sociedad. Deben ser encontrados nuevos modelos.” (ver http://bubusopia.blogspot.com/2012/03/da-la-benedicta-impresion.html)

Hay babas de desconfianza, ¿por qué los católicos si pueden intervenir en el juego político y nosotros no?, se lamentan los grupos protestantes.

Hay amarga hiel de humillación, porque de nuevo las religiones de origen africano son excluidas: de la agenda papal –esa gente está a un paso de ser declarada cismática–, y de la “plural” representación que hacen los medios del ejercicio de las religiones en la nación.

Hay labios que se muerden de temor y se humedecen en busca de paz en cada despacho leído con sobresalto. ¿Cuán fuertes se hacen los obstáculos en la lucha ahora que hay luna de miel entre el Partido vertical y el Clero patriarcal? ¿Cuánto del discurso será dedicado a la única familia “correcta” si no puede arremeter contra el Estado?

Todo baba, babas de diversos colores, sabores y razones. Baba que corre por las recién pavimentas y pintadas avenidas de La Habana y Santiago para hacer más suaves los vaivenes del papamóvil, blindado contra las balas yihaidistas y los olores desagradables de los solares del trópico.

Por si no hubiera suficiente, toda la militancia del PCC está convocada a recibirle, para que su baba emergente cubra cualquier pequeñísimo bache, error comprensible por la velocidad récord en que se hicieron estas reparaciones callejeras y pintadas de fachadas.

Corre la baba por La Habana. Y lo especifico porque, siendo la capital de toda Cuba, mucha responsabilidad tiene en la orientación y carácter de cómo de muestra y justifican esta visita, estos gastos, esta reescritura descarada de la historia y nuestras relaciones internacionales.

Una cosa es decir que estamos en el mejor punto de las relaciones con el Vaticano desde 1959, otra que nunca dejamos de ser amigos y en Cuba jamás de impidió a nadie ejercer su fe. ¿Por qué hubo que aclarar el derecho a la religión de quienes integran el PCC entonces?

Una cosa es decir que podemos –y yo creo que es imprescindible intentarlo– dialogar por el mejor entendimiento de nuestros puntos de vista; otra muy distinta es hacer de la Iglesia Católica el interlocutor político único ante el Estado, volver a enajenar la posibilidad del diálogo social plural en beneficio de cierto grupo con intereses específicos –los intereses del 2.5 % de la población.

Una cosa es reconocer al catolicismo su importante papel en la formación espiritual de la nación y su presencia como creencia personal de héroes y heroínas de la patria, otra es negar la historia racista, anticientífica, antidemocrática, antilibertaria, misógina, anticomunista y de complicidad con el fascismo y otras dictaduras que esa institución carga.

Por algunas de esas posiciones la Iglesia no se ha disculpado –solo las dejó discretamente de lado–; otras las defiende aún, alegando que no puede dejarse llevar por el abandono social de los mandamientos divinos. Falta de coherencia, llamo yo a eso…

Todavía no me alegro ni un poquito:

Es cierto que en Cuba somos gente hospitalaria, pero el Estado no debe quitarle recursos a su población para agasajar a nadie –el Estado no puede funcionar como una casa particular.

Es cierto que el apoyo del Vaticano es necesario para nuestra diplomacia bajo asedio, pero el prestigio de Cuba como Estado laico y comprometido con todos  los derechos se pone en duda una vez más.

Es cierto que a Benedicto se le presenta como mensajero de Cristo, pero su amor, su prédica, sus bendiciones, no reconocen ni se dirigen a todas las familias, a todas ideologías, a toda la gente que aquí habita. El ni siquiera pretende hacerlo.

En esas homilías ¿Dónde está el travesti que inspeccionó la casa contra los mosquitos ayer? ¿Dónde la familia de mis amigos: el médico y el mecánico con su hijito? ¿Dónde la gente que defiende a Marx? ¿Dónde, quienes habitan esa casa en la que ya no nacerán más hijos?

¿Dónde, el plante Abakua? ¿Dónde, los círculos de espiritismo que elevan sus plegarias en toda la Isla? ¿Dónde, las mujeres golpeadas que un día dijeron basta y levantaron la mano? ¿Dónde, esos adolescentes que reúnen valor compran condones en la farmacia? ¿Dónde, el colectivo Carrito por la Vida?

¿Dónde estoy yo?

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