AMERICA LATINA: De Jamaica al Continente Americano

por Bruno Peron Loureiro, Publicación Barómetro del 27-02-12

Los países hispanoamericanos conmemoran el Bicentenario de la Independencia del yugo de la metrópoli ibérica. Los carteles anuncian las fechas históricas en calles y edificios públicos, con el fin de estimular la conciencia y reavivar los ideales de un continente digno y menos conflictivo.

El venezolano Simón Bolívar –también conocido como “El Libertador”– terminó de redactar y remitió la renombrada “Carta de Jamaica” en Kingston el 6 de septiembre de 1815, cuando tenía 32 años, con el seudónimo en español de “Un caballero de esta isla” y en la versión inglesa “A friend”.

La misiva no determina el nombre de a quien está dirigida, sin embargo se especula que fue escrita como respuesta a la carta del inglés Henry Cullen con el fin de sugerir el apoyo de Inglaterra, poderosa nación naval en el siglo XIX, a la causa emancipadora hispanoamericana. La isla europea atendió esta demanda, pero no de la forma que Bolívar esperaba, lo que lo llevó a confiar más en la aproximación de la precursora Haití al movimiento independentista latinoamericano. (Haití declaró su independencia temporal en enero de 1804); y en las figuras de François Dominique Toussaint Louverture y Jean-Jacques Dessalines.

Bolívar ejercía la función militar, y llegó a Jamaica –colonia que se liberaría de Inglaterra recién en 1862– luego de tres años de lucha a favor de la independencia. Predijo sobre como nuestra región se insertaría autónomamente en el mundo luego de su liberación del dominio de los españoles, “destructores”, responsables de “barbaridades” y “crímenes sanguinarios”, una raza de “exterminadores”, en los propios términos del Libertador.

El continente es tan vasto e imponente, que Bolívar reconoció tener “conocimientos limitados” sobre él, aunque cita procesos históricos y próceres de las Provincias Unidas del Río de la Plata, del Virreinato de Perú, de Chile, de Venezuela, de la “Nueva Granada” (con su capital en “Santa Fe”, la ciudad que hoy es Bogotá), de Panamá, Guatemala, México, Puerto Rico y Cuba.

Bolívar transmite inseguridad y desconocimiento sobre lo que será el continente americano en el futuro, qué derecho tendremos y qué gobiernos nos regirán, pero desea vehementemente la unión de los países americanos, para formar la “mayor nación del mundo” en América, y la prosperidad de las artes y las ciencias en esta región.

Casi dos siglos después del período en que Bolívar escribió la Carta, en los pocos meses que pasó en Jamaica, vemos que las preocupaciones cambiaron muy poco. Seguimos sin conocer nuestros derechos y deberes y sin saber cual patrimonio se privatizará o se entregará a “terceros”, a despecho del fetiche de los “avances democráticos”. Finalmente nuestra producción cultural y educativa está recibiendo estímulos para construir naciones más integradas, en vez de territorios de procesamiento de mano de obra no calificada.

Se mantiene la convergencia de propósitos de inicio del Siglo XIX, cuando los líderes de las naciones hispanoamericanas anhelaban sobre todo la autonomía política en relación a la metrópoli, que controlaba el comercio internacional, el tráfico de esclavos y extraía sin piedad nuestras riquezas naturales.

Bolívar manifestó que había un “orden mundial” al que pertenecían los países americanos, pero que ese orden nos desfavorecía a los latinoamericanos, considerándonos como suplidores de insumos para el mercantilismo y el capitalismo incipiente que se desarrollaba en otro lugar. De allí que la Carta de Jamaica haya sido una apelación a Inglaterra como estrategia para alterar los vectores de poder que nos enlazaban exclusivamente a la Península Ibérica.

La propuesta internacionalista y latinoamericanista del prócer venezolano fue inteligente y visionaria, aunque no podía contar con que el capitalismo inglés asumiría proporciones tan avanzadas para la medida de la época, que la dependencia política cedería su lugar a la dependencia económica, al colonialismo y al neocolonialismo.

Inglaterra fue precisamente el país donde ocurrieron “revoluciones industriales”. La apelación de Bolívar fue al encuentro de las necesidades inglesas. Para mencionar el caso brasilero, Inglaterra provocó la apertura de los puertos al comercio con “naciones amigas”, poniendo fin al comercio exclusivo con Portugal, prohibió el tráfico de navíos con esclavos africanos, y endeudó al país con préstamos financieros, inclusive para pagar en libras esterlinas por la “independencia”.

Esto no invalida sin embargo el tenor de la herencia del Libertador, que fundamenta cartillas educativas y programas de gobierno en la República Bolivariana de Venezuela. El presidente Hugo Chávez Frías tomó las ideas de Bolívar como sustento de su proyecto de “Socialismo del Siglo XXI”, un “disparate” a los ojos de los que no entienden la crisis que atraviesa el capitalismo y todavía creen que él es la única vía.

No le temo a la referencia ni al recurso a fuentes bibliográficas de generaciones anteriores, cuando su contenido es pertinente y vigente. Simón Bolívar respondió a la carta de Henry Cullen cuando aquel se exiló en Jamaica, pero su contenido fue dirigido a nosotros mismos, herramientas de esta transformación de las naciones latinoamericanas y de la unión de los pueblos que está por venir.

 

 

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