COSTA RICA: Las microempresas malditas

Las microempresas malditas. Guerra contra las malditas ventas callejeras

por Luis Paulino Vargas Solís

Lo de las ventas callejeras es una historia tan, pero tan vieja. Como al modo de una obra teatral que, pasados los años, se vuelve a escenificar, una y otra vez, casi idéntica

 

Por esta vez, la novedad la aporta la Sala IV, la cual gira una orden a las autoridades municipales para que procedan a desalojarlas, con lo cual el mencionado tribunal quisiera refrendar su estatus como la Súper-Sala. Cierta pretensión mágica hay de por medio, al suponer que una orden de ese alto tribunal esté en condiciones de modificar la realidad. Poco más o menos equivale a que la mencionada Sala ordenase al gobierno de la República que impida aguaceros torrenciales susceptibles de provocar inundaciones. El gobierno no podrá hacerlo por mucho que sea la Súper-Sala la que se lo ordene. Algo similar podría ocurrir en este caso. Me temo que, dentro de no mucho tiempo, la Súper-Sala va a tener que adoptar las medidas legales que sean pertinentes a fin de sancionar el desacato a la orden.

Lo anterior, que podría parecer una ironía de mi parte, tan solo intenta llamar la atención acerca de una realidad que los grupos de poder en Costa Rica insisten en ocultar e incluso pretenden ignorar. Es la realidad de la pobreza y la exclusión, una de cuyas manifestaciones son las ventas informales en las calles de las ciudades principales, en particular San José.

Ahí confluye ese 40% de la población costarricense que es pobre o está en los linderos mismos de caer en lo que las estadísticas oficiales reconocen como pobres.

Es muy probable que detrás de las ventas callejeras haya negocios en la penumbra, que sacan buen usufructo de todo esto. Pero quienes se lanzan a la calle a vender cualquier cosa, no solo lo hacen por necesidad, sino que, con toda seguridad, son explotados inmisericordemente por esa mafia que se esconde tras sus espaldas.

¿Por qué los grupos dominantes –políticos, mediáticos, económicos- se niegan a reconocer tales realidades y, en su lugar, alientan un clima psicológico de animadversión y promueven una política represiva y violenta?

Se me ocurren algunas posibles explicaciones:

a) Quienes venden en la calle como informales son personas en búsqueda de alternativas de sobrevivencia. Siendo que la economía en Costa Rica no les ofrece un trabajo asalariado más o menos decente, tienden a fugarse del mundo del empleo asalariado en procura de otras opciones. Es fuerza de trabajo que deja de estar disponible –al menos parcialmente- para su empleo por empresas capitalistas. Si bien la economía no genera suficientes empleos de calidad donde ubicarlas, su desplazamiento hacia la informalidad resta de la oferta de fuerza de trabajo disponible. Y ello necesariamente incide en los salarios que, en virtud de la debilidad de la institucionalidad que se supone debería proteger los derechos laborales, tiende a ser más bajos cuanto más abundante la oferta de mano de obra. Sacar a esta gente de las calles pretende ser una manera de forzarles a buscar trabajo asalariado. Ello aumentaría la cantidad de quienes compiten por un puesto laboral y, así, facilitaría la reducción de los salarios. Asunto este que resulta de grande aprecio para las empresas, sobre todo en estos momentos de tanta incertidumbre económica. Es una historia tan vieja como el capitalismo. Este nunca ha visto con buenos ojos que las personas busquen ser autosuficientes y sobrevivir al margen del propio orden capitalista.

b) Quienes venden informalmente en la calle en parte compiten con las empresas establecidas. Es, hasta en el mejor de los casos, una competencia débil y marginal, pero en gran parte se da a través de la violación de los mal llamados “derechos de propiedad intelectual”. Ello es clarísimo en relación con productos de las “industrias culturales”, como películas y música. Aquí juegan varios elementos: intereses económicos poderosos y, por supuesto, tratados comerciales que subordinan la institucionalidad pública de Costa Rica, forzándola a privilegiar las exigencias de las transnacionales, por sobre las necesidades de nuestra población (un detalle anecdótico muy ilustrativo: por estos mismos días se inauguraba el nuevo edificio “de la propiedad intelectual”). Llegado a este punto, el asunto se desdobla en una doble dimensión, a la vez local y global. Esa gente que en las calles josefinas “viola”  la propiedad intelectual y contra la cual la Súper-Sala lanza todas las huestes policiales, se hace así parte de una especie de “guerra mundial”: la que los gigantes corporativos transnacionales pelean en todo el planeta por la monopolización del conocimiento y la creatividad humana a través de las asfixiantes normativas de propiedad intelectual que han venido siendo impuestas globalmente.

c) Se me viene a la mente un interesante libro de mi amigo y admirado colega Carlos Sandoval (“Otros amenazantes”), donde se estudia el rol que las personas nicaragüenses  –como un “otro amenazante”- ha jugado en la constitución del sentido de identidad nacional en Costa Rica. Se me ocurre que algo similar ocurre con las personas que venden en la calle: son “otros amenazantes” que permiten afirmar un cierto sentido de identidad: la de la Costa Rica “trabajadora, ordenada, respetuosa de las leyes y las instituciones”. Solo que en este caso se trata, en su mayor parte, de unos “otros amenazantes” internos (muy similar, me parece, es el caso de las personas sexualmente diversas, tenidas como una peste que, desde dentro de la sociedad, infecciona y corrompe). Interesante observar el liderazgo que en este caso ha asumido Amelia Rueda en su programa radial, desde donde ha ensayado una agresividad que criminaliza y sataniza. No por casualidad en las últimas semanas doña Amelia venía introduciendo el programa con una canción en inglés de Mick Jagger titulada “Let’s work”. Claramente ella ha querido convertirlo en un llamado a la disciplina en el trabajo asalariado.

En fin, el tema es harto interesante: no solo ilustra acerca de la miopía de las clases dirigentes y su negativa a rectificar un sendero que tan solo conduce a profundizar el deterioro económico y social, sino que también pone en juego algunos de los fantasmas presentes en nuestro imaginario social.

Pero también esto pone en evidencia el vacío y la hipocresía alrededor del discurso sobre la “micro, pequeña y mediana empresa”. Ahí en las calles citadinas hay centenares, incluso miles, de micro empresas: hombres y mujeres que, por su cuenta y riesgo, buscan alguna alternativa de sobrevivencia. Su emprendedurismo, y el riesgo que asumen, recibe una respuesta oficial: garrote. Son las microempresas malditas.

Puesto en línea por Informa-tico, El Diario digital de Costa-Rica

Lascia un commento

Inserisci i tuoi dati qui sotto o clicca su un'icona per effettuare l'accesso:

Logo WordPress.com

Stai commentando usando il tuo account WordPress.com. Chiudi sessione / Modifica )

Foto Twitter

Stai commentando usando il tuo account Twitter. Chiudi sessione / Modifica )

Foto di Facebook

Stai commentando usando il tuo account Facebook. Chiudi sessione / Modifica )

Google+ photo

Stai commentando usando il tuo account Google+. Chiudi sessione / Modifica )

Connessione a %s...