COLOMBIA: “Somos un ejército pacífico”

por Susan Abad

Bogotá – Al menos 35 grupos indígenas se encuentran en peligro de extinción en Colombia debido a los permanentes conflictos sobre la tenencia de la tierra, la codicia de latifundistas, empresas y multinacionales, y las estrategias de control territorial de grupos fuera de la ley en medio del conflicto armado que se vive en Colombia hace más de 40 años.

En Colombia existen 1.3 millones de indígenas —2.8% de los 47 millones de habitantes del país— registrados en el último censo del 2005 por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), pertenecientes a 80 etnias repartidas por todo el territorio, a quienes la Constitución Nacional les reconoce derechos de propiedad y de posesión sobre las tierras que tradicionalmente ocupan.
 
“La población indígena se encuentra en medio de estos conflictos. Más de 1,500 miembros de nuestras comunidades han sido asesinados entre el 2002 y el 2010 en medio de esta problemática”, asegura a Noticias Aliadas Luis Evelis Andrade, presidente de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC). “Tanto civiles como los actores armados nos matan y nos desplazan. Quieren quitarnos las tierras que ancestralmente nos pertenecen”.
 
Frente a esta situación, y ante la falta de protección estatal, miles de indígenas en todo el país decidieron rescatar una vieja institución, ligada a su esencia misma, y que se remonta a la llegada de los colonos: la Guardia Indígena.
 
Una de las más destacadas es la guardia del suroccidental departamento del Cauca, creada en 1971 simultáneamente con el Consejo Indígena Regional del Cauca (CIRC), que agrupa a 112,000 indígenas de 29 cabildos, afirma el coordinador zonal del CIRC, Alberto Menza.
 
“Nosotros estamos en contra de todo lo que signifique despojo. Somos 2,500 guardias que cuidamos que la comunidad no se desplace, solucionamos problemas, ejercemos control territorial. Somos la resistencia porque no estamos dispuestos a desaparecer como pueblo”, dice Menza. “Así como nuestros mayores y espíritus han defendido y cuidado el territorio, la Guardia Indígena del Cauca vigila, protege y defiende nuestra tierra”.
 
El bastón, símbolo de resistencia
 
“Somos un ejército pacífico, que como única arma tenemos un bastón”, dice a Noticias Aliadas José Domingo Caldón, sabedor (hombre sabio) de la etnia kokonuka.
 
Explica que este “símbolo de la resistencia sin armas consiste en una vara de madera, que cada miembro trabaja con sus manos y luego le amarra cintas verdes y rojas. Las verdes significan la unión con la naturaleza y la diversidad de nuestro territorio. Las rojas es sangre derramada por nuestros antepasados”.
 
 
Los guardias son elegidos por la Asamblea (reunión de la comunidad) “pero cuando se necesita todos reaccionamos. Hombres mujeres, niños, ancianos, toda la comunidad es Guardia Indígena”, detalla a Noticias Aliadas Martha Cecilia Tunubalá, secretaria del Tejido Defensa de la Vida del CIRC.
 
Explica que los guardias “no son una estructura policial, sino un mecanismo humanitario y de resistencia civil. No reciben remuneración y su labor va más allá del cuidado territorial. Somos la mano derecha del gobernador del resguardo y le obedecemos, pero nuestra autoridad mayor es la comunidad y participamos en todas las actividades que realiza. Intervenimos en el Tejido Defensa de la Vida que vela por los derechos humanos; en el Tejido Pueblo y Cultura, que comprende los programas de educación, salud, mujer y jóvenes; en el Tejido Económico, Ambiental y Territorial, donde se maneja toda la parte económica, los proyectos productivos para la comunidad y las empresas comunitarias propias con respeto a la naturaleza; en el Tejido de Comunicación y Relaciones Externas para la Verdad y la Vida, donde funciona la emisora comunitaria Radio Payuma´t, y la página web del CIRC”.
 
Asimismo, “participamos en el Tejido Justicia y Armonía, donde funciona la Escuela de Derecho Propio, que estamos buscando sea reconocida por el gobierno; y manejamos el Tejido Regreso a Casa, que recibe y acoge a la gente que se ha ido a la guerrilla y que se arrepiente”, dice esta descendiente nasa y misak, que lleva ocho años en la Guardia Indígena, donde, asegura, “no existe diferencia entre hombres y mujeres. Todos trabajamos por igual”.
 
Agentes de paz
 
Como una demostración de que sí se puede establecer una lucha dentro de un espíritu pacífico, sin violencia y sin armas, la Guardia Indígena ha logrado rescatar a varios secuestrados por la guerrilla. Una de las más reconocidas liberaciones se dio en el 2004, cuando cientos de guardias se internaron en las selvas del Caquetá y trajeron de regreso vivo y sin ningún rasguño al entonces alcalde del municipio de Toribio, Arquímedes Vitonás Noscué, quien estuvo 15 días retenido por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el principal grupo guerrillero del país.
 
“También hemos evitado que el Ejército se lleve a varios de nuestros jóvenes, a los cuales las autoridades quieren involucrar en el conflicto”, asegura Tunubalá.
 
“Hace años el ELN [Ejército de Liberación Nacional] se tomó los cascos urbanos de Puracé y Kokonuko y las FARC se tomaron el municipio de Caldono. En ese momento, cuando los guerrilleros estaban dándoles plomo a la Policía, los indígenas salieron a la calle con sus bastones, y con música y cánticos lograron que los guerrilleros se retiraran y les transmitieron el mensaje de que ellos no tienen nada que ver con el conflicto que vive el país, y que es injusto que sea su territorio el que tenga que sufrir las consecuencias”, recuerda Caldón.
 
En otras ocasiones, la guardia indígena ha asumido la tarea de dar protección a la comunidad a la que pertenece cuando ésta se ve envuelta en el fuego cruzado entre actores del conflicto armado. Ese fue el caso de la Guardia Indígena de Cerro Tijeras, en el norte del departamento del Cauca, que frente a los 22 días de combate entre las FARC y el Ejército Nacional ocurrido en su comunidad a fines de setiembre último se encargó de reubicar a las familias desplazadas y de garantizar su protección en los refugios humanitarios.
 
La Guardia Indígena del Cauca “está orgullosa de ser reconocida por su papel dentro de su comunidad”, afirma Tunubalá, quien espera que pronto “más allá de controladores de territorio, nos convirtamos en un agente de paz en todo el país”.
 
Fuente Noticias Aliadas – Puesto en línea por AlaiNet – America Latina en Movimiento

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