BOLIVIA: El indigenismo indígena y el neo indigenismo q’ara

 
Ver el número 62 – Octubre 2011

Fundamentar nuestra ideología: El indigenismo indígena y el neo indigenismo q’ara

por Carlos Ernesto Ichuta Nina, doctor en Sociología, por la Universidad Nacional Autónoma de México. Es también autor de la investigación Nuevas izquierdas, viejos entuertos ¿Un gobierno de izquierda en Bolivia?, financiada por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

En los tiempos del actual neo indigenismo triunfante los discursos y las oportunidades de trascender pasan por buscar
hacerse creíbles a través de puros símbolos.

El neo indigenismo opera en la lógica de un apartheid auto provocado para identificarse con las víctimas de los más de quinientos años de opresión y a partir de ello expresar una visión triunfalista de la política boliviana. A pesar de que, en sus orígenes, el indigenismo emergió desde las facciones progresistas de las clases dominantes, ya que históricamente dicha ideología planteaba la integración del indio a la nación y no así el cambio radical de las estructuras (que fue postulado más bien por el indianismo), a lo largo de la historia del país han existido notables líderes indígenas cuya identidad estaba fuera de duda, así como su lucha contra el Estado neocolonial. Es  más, a partir de su crítica anti occidental, los históricos líderes indígenas lograron apoderarse de aquella ideología externa a sus horizontes, en sus manos, convertirla en una vía de transformación adecuada a las condiciones de marginación de las mayorías indígenas. Por esto, en su momento de mayor desarrollo, que abarcó las primeras décadas del siglo XX, el indigenismo se estrelló contra el nacionalismo revolucionario, abanderado por las elites radicalizadas de las clases medias, y contra el socialismo y el comunismo que permearon fuertemente en el movimiento obrero. El indigenismo apropiado por los históricos líderes indígenas terminó cuestionando así los uniformizadores objetivos modernizantes del nacionalismo revolucionario y del socialismo y el comunismo loscuales en esencia postulaban el exterminio cultural de los indígenas, a través de su conversión pequeñoburguesa o en un ejército industrial de reserva. Pero, en una sociedad abigarrada y entrampada en una permanente lucha por la hegemonía, el movimiento indígena no era un actor unitario, evidencia de lo cual fue la bifurcación ideológica que se produjo en el periodo previo a la revolución nacionalista, cuando tomaron forma el indianismo, abanderado por Fausto Reynaga, y el indigenismo que fue ligado a la ideología del nacionalismo evolucionario. Esto último sobre todo a través de la Tesis de Ayopaya, la cual planteaba la necesaria conversión campesina de los indígenas como parte de un proyecto de modernización de la economía y de transformación capitalista del país. Es decir, la transformación economicista del indio suponía una condición para la debacle de la estructura oligárquica de base hacendaria, pero también «el fin de la utopía indígena», pues el proyecto campesinista suponía una ruptura con la tradición rebelde de la lucha indígena dependiente de posturas comunitaristas y autonomistas. Además, desde su visión pequeño burguesa, para los defensores de ideologías externas al indio la transformación campesina de éste representaba una indispensable condición para la constitución de una alianza de clase para la destrucción de la estructura oligárquica del Estado. Así, merced al influjo del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) e incluso de los históricos partidos de izquierda (Partido Obrero Revolucionario y Partido de la Izquierda Revolucionaria), la ruptura con el comunitarismo se produjo más claramente con el surgimiento del primer Sindicato Agrario, en Huasacalle. Sin embargo, casi al mismo tiempo, del propio MNR, aún en ciernes se desprendía el Partido Agrario Nacional, llamado también Asociación Nacional Bolindia, conformada por alcaldes originarios, caciques poderados e intelectuales indígenas entre los que destacaba el propio Fausto Reynaga. Por tanto, el pensamiento de Reynaga fue determinante para la constitución del indigenismo, tanto que sesenta y cinco años después, frente al indicalismo cocalero y campesino, la tesis de la revolución india reverdecióen manos de Felipe Quispe, quien se propió del legado de Reynaga. Precisamente, Reynaga planteaba la tesis de las dos bolivias, en torno a cuya relación contradictoria asumía que el problema del indio no era de asimilación, sino de liberación; y el problema de clase campesina era un problema de raza,de cultura, pueblo y nación. El problema del indio era pues un problema de liberación india. Y en función de esta postura y con la misión de tomar el poder por la razón democrática o la fuerza revolucionaria, Reynaga buscó consolidar su ideología a través del Partido de Indios Aymaras y Quechuas del Kollasuyo o el Partido Indio de Bolivia, a través del cual y en las postrimerías de la revolución nacionalista, Reynaga desafió al movimientismo triunfante con la sentencia: «como indios nos explotan, como indios nos liberaremos». Sin embargo, el indianismo levitó siempre en el ámbito discursivo; en cambio, el indigenismo adquirió un sentido netamente práctico, sobre todo con el advenimiento de la revolución nacionalista cuando se creó el Ministerio de Asuntos Campesinos y la Confederación de Trabajadores Campesinos de Bolivia; esta última establecida precisamente como una red oficialista de sindicatos. Por esto mismo, el sindicalismo campesino quedó siempre supeditado a los permanentes jaloneos entre el izquierdismo radical, aspirante a la conformación del campesinado como una clase revolucionaria subordinada al movimiento obrero, y el mnrismo aspirante a la constitución del «hermano campesino», para amansar al indio arrancándole de su historia rebelde. A pesar de ello, del ámbito sindical fueron surgiendo destacados líderes indígenas que pese a ser capacitados por la iglesia católica, las organizaciones no gubernamentales y los partidos tradicionales, suponían una verdadera representación de base por su solo origen; pero frente a dichos líderes sindicales, reflexionado los limitados alcances del sindicalismo, estudiando la propia historia de las naciones indígenas, discutiendo las limitaciones del marxismo y la pretensión homogeneizadora del mnrismo, algunos jóvenes niversitarios quechuas y aymaras que habían logrado ingresar a la entonces señorial Universidad Mayor de San Andrés comenzaron a reivindicar política y culturalmente lo indígena ante la discriminación, el desprecio y el racismo del cual eran víctimas directos en la ciudad; sin embargo, estos jóvenes terminaron revalorizando simbólicamente lo indio al buscar preservar los idiomas aymara y quechua y al adoptar una simbología que tenía por objeto la identificación con sus raíces históricas, como la imagen de Tupaj Katari y la Wiphala. Desde ese nuevo indigenismo de sentido simbólico y producido en las ciudades, surgieron precisamente el Movimiento 15 de Noviembre (aludiendo a la fecha de descuartizamiento de Tupaj Katari, en 1781), el Movimiento Universitario Julián Apaza, el Partido Autóctono Nacional y el Partido de Indios del Kollasuyo. Sumado a ello, en contra de la hegemonía emenerrista y de las influencias izquierdistas, en el seno de la CSUTCB surgieron los sindicatos independientes que conformaron el Bloque Independiente Campesino. En tal mosaico de posiciones, Reynaga apareció proseguido por Raymundo Tambo, primero, y Felipe Quispe, después. Pero, reduciendo el pensamiento de Reynaga a un mero fundamentalismo el indigenismo fue sostenido por Constantino Lima y Jenaro Flores. A pesar de sus diferencias esos líderes se convirtieron en referentes de la maduración del movimiento indígena, que en la etapa dictatorial empezó a adquirir notoriedad internacional porque sus representantes se encargaron de poner en relevancia el problema del indio en los tribunales internacionales por la defensa de los derechos humanos. Sin embargo, el indigenismo de la etapa democrática no supuso necesariamente la continuación de aquélla historia, pues esa ideología adquirió un sentido ambiguo e híbrido, porque quienes pasaron a sostenerlo fueron intelectuales progresistas y de izquierda desencantados con el socialismo real y la caída de este régimen. De esta manera, en las condiciones de la imposición del modelo neoliberal y de la globalización que provocó el descabezamiento del sindicalismo obrero, esos nuevos indigenistas buscaron constituir al indígena como una fuerza revolucionaria sin mayor propósito que vestir al Estado de poncho y abarcas. Se trató de un neo indigenismo reelaborado desde las afueras del movimiento indígena, con base en una mentalidad que naturalmente debía contener fuertes dosis de terror, esencialmente discursivo. Tal neo indigenismo recuperó de ese modo el sentido de su origen, pues pasó a ser teorizado por q’aras apasionados por lo que política, social, histórica y económicamente representaban las culturas milenarias. En cambio, los indígenas con un sentido de pertenencia étnica menos discutible pasaron a ser identificados como fundamentalistas o radicales; es decir, como indianistas. El indigenismo de Estado o esencialmente simbólico, vigente actualmente en el país, sigue siendo así externo a los indígenas y defendido por intelectuales que en sus tiempos de estudiantes gustaban de vestir atuendos indígenas y por intelectuales urbanos que se encuentran mucho más cerca de pensar el problema del indio desde la lógica de las clases dominantes que desde las condiciones de marginación. Y en ese mismo sentido, fuera de las fronteras del país ocurre un fenómeno bastante curioso que tiene que ver con ese indigenismo de sentido simbólico, pues éste es utilizado para sacar ventaja de la situación política que se vive en el país. Esto sobre todo por los estudiantes que llegados a universidades de otras latitudes utilizan etiquetas tales como «intelectual aymara», «activista quechua», «sociólogo aymara», «estudiante del Qullasuyo», etc., a fin de adquirir cierto grado de autoridad en sus intervenciones que a menudo suelen ser apologéticas, cuando su forma de pensar no coincide con su forma de sentir ni actuar. Tales manifestaciones fútiles no eran comunes en los duros tiempos en los cuales lo indígena no pasaba por justificarse mediante meros símbolos, sino por sí mismo. En cambio, en los tiempos del actual neo indigenismo triunfante los discursos y las oportunidades de trascender pasan por buscar hacerse creíbles a través de dichos símbolos. Sin embargo, quizá ello no resulta extraño ya que el neo indigenismo opera en función de la lógica del amo y el esclavo o en la lógica de un apartheid auto provocado que consiste en identificarse con las víctimas de los más de quinientos años de opresión para a partir de ello expresar una visión triunfalista de la política boliviana. Lo que sí llama la atención es que en el plano de las comparaciones los discursos identitarios que se proyectan de Bolivia hacia el mundo parecen descender al mismo nivel. Pues, ¿qué diferencia a un estudiante identificado a sí mismo como aymara o quecha y que en muchos casos no domina estas lenguas, de una Miss Bolivia que se presenta ante el mundo como cruceña y alega que todos en su región hablan inglés y debe aclarar que lo dijo por «problemas de traducción»?

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